Hoy amanecí bajo un cielo neutro. La vegetación titila afuera exibiendo brotes colmados que parecen rebozar. El sondeo de las cosas se posa somnoliento sobre su plácida rendición certeza adoptada en ascenso: Estar. Titilo. Me disperso frente al monitor. Deslizándome por sobre los mensajes de gente desconocida hacia un rincón de la pantalla, capturo eternamente la imagen del chico que posa desnudo frente a Clau.
He pasado los últimos meses siendo espectador de esta alquimia natural. Entre mi cuerpo y el que se estira en el azul de la pisina cargo la marca del maltrato, la enfermedad y los secretos (una marca tan consistente que parece haberme dividido irremediablemente). Muevo la cortina antes clausurada. Respiro la luz que fluye a ritmo constante a pesar del dolor; mientras paso los dedos frágilmente sobre el cristal ... mis dos cristales. A cero bytes de distancia, todo brota, todo es humedo y todo es nuevo en el programa mas perfecto que alguien deba navegar.
PC; ya es hora de abrir la ventana. Las lágrimas caen ... y el cielo arriba es neutro.










